Crónica del Enofestival
Sección: Conciertos
Ángela Martín,
08 de Febrero de 2012
La primera edición del Enofestival se cobijó en las entrañas del palacio de Vistalegre, con el telón de fondo de una ola de frío siberiano azotando Madrid. La luz del día no se dejaba ver en la zona lateral del recinto que habían habilitado para el evento. El espacio fue inundado de tonalidades moradas, color vino tinto, y de una oscuridad realzada por las paredes pintadas de negro, creando una una sensación de intimidad bajo una luz tenue. 

Los encargados de dar el pistoletazo de salida, fueron Modelo de Respuesta Polar, fichaje reciente del sello Limbo Starr. La banda en espera de sacar a la luz su debut, brindó a los más puntuales un aperitivo de melodía pop teñida de melancolía e historias amagas como sus temas "Canción de Culto" y "Afinidad Inventada".
Vino, trovadores y pop
Corrió el vino tinto, el blanco, la zurra, el rebujito y un compendió de bebidas que tenían como protagonista el buen vino. Acompañarlo con buenas canciones era el añadido especial que proponía el Enofestival.
Los trovadores fueron desfilando, y la cándida Christina Rosenvinge, apareció melena revuelta y guitarra acústica, para recitar su Joven Dolores y temas de su último recopilatorio con lo más granado de toda su discografía. Un directo con tintes de drama griego de luces y sombras, acompañada de su aliado Refree en teclados, guitarra y coros, y a su otra vera, el violonchelo que abrigaba temas como "Tu por mí", "Alguien que cuide de mí" y su revisado "Mil Pedazos".
En la puesta en escena de algunas canciones como "Mi vida bajo el agua", Christina se apoderaba del piano, frunciendo el ceño y creando piezas teatrales sobre el escenario. Antes de marcharse para recuperarse de su resfriado, nos deseó fuerza, y se despidió con su mitológica "Canción del Eco", que dejó al público asistente tatareando el estribillo, “Que quieres tu niña loca, niña loca, niña loca..” con esa voz tan sensual que le caracteriza.
Tras algunos tragos de zurra, los maños Tachenko pusieron la nota guitarrera de las 4 de la tarde. Hicieron llegar la primavera al frío polar que asolaba Madrid, con melodías alegres de su pop made in Zaragoza, animando a los que iban llenando cada vez más el recinto. Hicieron revisión de su trabajo, Os reís porque sois jóvenes, con canciones de pureza pop como "Escapatoria", "La Resistencia" y "Tírame a un Volcán". Tocaron temas de su último EP, Apúntame a mi primero, como "Yo no quiero sonar moderno". Terminaron con el tema de Serrat, "Mediterráneo", haciendo a todo el mundo recordar los empolvados vinilos paternos que se apilan cerca del tocadiscos, y pasando el legado del escenario al rock and roll de Lobos Negros.

El trovador del desamor, The New Raemon llegó a la hora de la merienda, con leves problemas técnicos al inicio. Después de dos intentonas, recuperó su voz en el micro, y su simpatía hizo retomar el directo por donde lo había dejado. Sonaron "Te debo un baile", "La Cafetera", y temas que algunos de sus mayores fieles ovacionaron por ser una revisión de clásicos que habían dejado de ser oídos en sus directos. Con jersey y camisa, Raemon estaba al frente de toda una comparsa de músicos a modo de orquesta sinfónica. Todos ellos se fundieron en uno para el tema de despedida, la banda sonora de una ruptura amorosa, "Yo soy Simon y Tu Garfunkel", que levantó al público al unísono.
Nacho Vegas y vino navarro
La oscuridad se cernía en el cielo y la lista de artistas seguía transcurriendo en rigurosa puntualidad. Era el turno de Nacho Vegas, que se quitó su habitual chaquetón y apostó fuerte en su entrada al Enofestival con su Gran Broma final.
Los temas de su Zona Sucia fueron apareciendo en palestra, sabiamente respaldados por uno de sus incondicionales en los teclados, Abraham Boba. Entretanto "8 y medio" llegó desde Madrid hasta Gijón, pero sin esos quebramientos de voz que le dan esa dureza rasgada a la canciones de Nacho Vegas. Se coló en el cancionero su tema más reciente e insigne del movimiento 15M, "Cómo hacer crack", que cantó cubriendo sus ojos bajo su cobrizo pelo. Pese a ser uno de los conciertos más esperados por todos los que allí estaban, no produjo grandes consecuencias y las habituales parrafadas pre canción que hace uso en sus conciertos, esta vez no se escucharon.
Como fin de fiesta, y tras una buena cata de Vino rosado navarro, The Right Ons pusieron patas arriba a los que habían resistido toda la jornada. Su furia y garra rockera fue el último trago de un festival que ha sabido combinar la tradición del buen vino con la música alternativa. Una buena selección de artistas como de bodegas, que hizo de un sábado gélido, un día cálido.




